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Miedo666
Ve a dormir, y no tengas miedo....

Teatros Embrujados

Teatro embrujado

Las autoridades de la ciudad, declararon  al viejo teatro “Monumento Histórico”, y 
contrataron a mi empresa para restaurarlo. 
Junto al Arquitecto encargado del proyecto, recorrimos todo el edificio. En las paredes
había sendas grietas que recorrían todo su alto hasta la unión con el techo.  Observábamos 
una de esas grietas cuando escuchamos que alguien corría por un corredor cercano. 
No alcanzamos a ver a alguien, mas como el teatro es muy extenso, supusimos que estaría 
escondido. 
Como el edificio es de la ciudad, tras una llamada del Arquitecto llegaron tres policías, y
mientras seguimos evaluando lo dañado que estaba (hacía veinte años que estaba
abandonado), ellos recorrieron el lugar. 

Seguíamos en lo nuestro, observando los deterioros de la construcción. En determinado
momento, vi que el arquitecto palideció de repente.  Miraba fijo hacia una puerta, al
voltear hacia el lugar, vi que una tela blanca terminaba de cruzar frente a dicha puerta.
Di unas zancadas, y creí que iba a sorprender a alguien en el corredor, pero no vi a
nadie.  Cuando volví a la habitación el Arquitecto se secaba el sudor con un pañuelo. 
Al preguntarle qué vio, me sorprendió la respuesta.
- Un fantasma. - Me dijo. Salíamos del teatro cuando nos cruzamos con los policías. 
El de más cargo no se atrevía a explicar lo que habían visto y oído, así que hablaba de
“ruidos raros” y cosas que les “pareció” ver. Uno de ellos nos dijo sin rodeos: 

- Este teatro está embrujado, no hay otra explicación. 

En ese instante escuchamos unos sonidos aterradores, los cuales parecían venir de 
todas partes, reverberaban en los corredores y en el oscuro escenario. Parecía que
todo un grupo de personas lanzaban alaridos y carcajadas, también se escuchaban
sonidos menos identificables, similares al resoplido de un caballo. 
No nos quedamos ni un instante más, salimos disparados de allí.   
Al otro día me llamaron desde el Municipio, querían cancelar el contrato. Según el 
arquitecto el lugar estaba muy dañado como para repararlo, enseguida estuve de acuerdo.  
Terror en el teatro

Una tormenta avanzó por el cielo nocturno ni bien terminó la obra. El público se retiró del viejo teatro, y quedaron en él solamente los artistas, sus allegados y algún que otro invitado; iban a celebrar el éxito de la obra teatral. 
Germán estaba allí porque su novia era parte del elenco.  La pequeña celebración transcurría en un salón cuyas paredes estaban cubiertas de fotografías viejas del local, afiches y carteles ya antiguos, y algunos retratos de actores, de elencos enteros, de escenarios… 
Germán, sosteniendo una copa de vino, intentaba encajar en un pequeño grupo que conversaba formando un círculo.  No entendía casi nada de lo que hablaban, pero si los otros reían él también lo hacía, o ante la mirada de su novia asentía con la cabeza como si entendiera.

- A veces el arte está en mi cabeza - comentaba uno de los presentes mientras miraba con intensidad a los otros y hacía ademanes exagerados -. Otras veces está fuera de mí, como un ente, flota, se aleja, vuelve meciéndose, es etérea. 
Germán lo escuchaba mientras pensaba que el tipo estaba medio loco, que le faltaba un tornillo; pero como su novia lo vigilaba seguía fingiendo interés. 
Otros artistas tenían una actitud más extravagante aún, y disfrazados con los atuendos y las grotescas máscaras que habían usado en la obra, recorrían el salón bailando y lanzando gritos. 
La lluvia arreciaba sobre el teatro, iluminándolo brevemente con la luz de los rayos.  En medio de toda esa energía desatada, inmediatamente después de sonar un rayo que cayó cerca, se cortó la electricidad, dejando a oscuras a los que estaban en la fiesta. 

El pequeño grupo de Germán se disolvió. Las siluetas se movían lentamente con los brazos extendidos. Algunas voces pedían calma, asegurando que la electricidad iba a volver en cualquier momento. Varios prendieron sus encendedores, aportando algo de claridad, y algunos relámpagos entraban por los ventanales. 
Germán buscó a su novia diciendo su nombre, y al escuchar “Aquí estoy”, giró hacia la voz, aunque la notó un poco extraña.  No era ella; el dueño de la voz fingida tenía los cabellos erizados, la cara blanca y una sonrisa de oreja a oreja.    
Germán tomó distancia dando un paso hacia atrás, y el otro avanzó hacia él, y cuando Germán retrocedió más, comenzó a seguirlo. 

¡Cómo puedo ser tan asustadizo! - pensó Germán -. Es un actor con máscara. 
Entonces fue a enfrentar al bromista, pero de un instante para el otro dejó de verlo, se perdió en la oscuridad.  Unos minutos después volvió la luz. Su novia estaba a unos metros de él. 
Con la claridad buscó casi frenéticamente al bromista, no sabía qué iba a hacer, pero aquello no iba a quedar así; le habían dado un buen susto. 
Ninguno de los enmascarados se parecía a lo que había visto. Finalmente lo encontró, pero para su asombro, aquella cara monstruosa estaba dibujada en un viejo cartel donde se anunciaba una película de terror. 
Teatro de terror

Jaime estaba en la primer fila del teatro, y sin darse cuenta era observado.
Concluida la obra, iba rumbo a la salida, y al mirar a un costado, vio a una muchacha que
le sonreía. La muchacha era tan hermosa, que lo hizo dudar si la sonrisa era para él. Primero
miró si detrás había alguien, después devolvió la sonrisa.
La muchacha tenía puesto un vestido antiguo, con un revelador escote. Era lógico suponer
que era una actriz, y que aún llevaba el vestuario de una obra anterior. La muchacha se le
acercó y saludó:

- ¡Hola! Veo que te gusta el teatro.
- ¡Hola! Sí, me gusta muchísimo, soy un fanático y todo… - dijo Jaime. En realidad era la
primera vez que veía una obra, y le habían regalado la entrada.
- ¿Te gustaría ver el teatro por dentro?
- Claro, ¡me encantaría! - respondió Jaime.

El teatro ya estaba casi vacío. Tras entrar a un corredor, pararon frente a un camerino.

- Este es mi camerino - dijo la muchacha -, si me esperas un rato te muestro lo demás.
- Bueno, te espero aquí mismo.
- No demoro.
- No tengo apuro.

La muchacha, tras una nueva sonrisa, cerró la puerta del camerino.
“Ese vestido será falso, pero aquellas no son de cotillón” pensaba Jaime mientras se restregaba
las manos. 
Esperaba ansioso frente a la puerta. Al prestar más atención al corredor - antes su vista estaba
fija en el escote - le pareció que el lugar era bastante lúgubre, y al ver que alguien se le acercaba 
por el corredor, sufrió una fuerte impresión debido a su apariencia, y retrocedió dos pasos.
Aparentemente era un hombre, pero su cabeza era muy pequeña, al acercarse más, Jaime
vio que era la cabeza de un muñeco, de esos que usan los ventrílocuos. 
El hombre cabeza de muñeco, pasó frente a él y saludó con la mano, mirándole a los ojos; 
después dobló rumbo a la pared y la atravesó, desapareciendo.

Si su corazón hubiera latido un poco más fuerte, seguramente hubiera muerto de terror, como 
le ha sucedido a muchos, pero la juventud de Jaime lo salvó. 
Estaba recuperando su ritmo cardíaco, cuando una voz le hizo dar un salto.

- ¿Qué está haciendo ahí? 

Al voltear vio que era un hombre normal, con cabeza humana. 

- Estoy, estoy esperando a una actriz, está en el camerino - le contestó Jaime. 
- Esta parte del teatro no se usa - dijo el hombre, y procedió a abrir la puerta para demostrarlo.

Efectivamente el camerino estaba vacío, lleno de telas de araña y polvo.
En el teatro embrujado

Esa noche la función fue un fracaso. Unos pocos espectadores vieron la obra.
Se apagaron las luces del escenario. Los actores se fueron marchando, cabizbajos y
Decepcionados por el fracaso de su obra, el teatro fue quedando cada vez mas
Silencioso. Cecilia estaba en el camerino, desmaquillándose y meditando sobre su
Futuro como actriz, sus compañeras ya se habían marchado.

Cecilia seguía frente al gran espejo, un ruido la sacó de sus pensamientos, algo
Sacudía las ropas colgadas en un largo perchero. Se escuchaba algo similar a un
Murmullo, a gente cuchicheando, las ropas se movían, algo se escondía entre ellas.
Cecilia caminó hasta la puerta, el perchero se sacudía con mas fuerza , el murmullo 
Se hizo mas intenso, entre aquel ruido se entreveraban chillidos y gemidos.

Salió corriendo del camerino, en su huída casi derriba a un empleado del teatro
Que caminaba por el corredor. 
Desde esa noche Cecilia abandonó la actuación. Volvió a ejercer su antiguo
Trabajo, adivinando la suerte de las personas, Cecilia era psíquica.
El teatro embrujado

Después de terminada la función, cuando se marchaban todos y el viejo teatro
Quedaba en silencio, Hugo comenzaba su jornada.
Limpiaba los pisos con una actitud vigilante, mientras barría miraba a su alrededor,
Como un ciervo nervioso asechado por un depredador. Es que aquel teatro tenía
Una fama terrible; en aquel edificio habían muerto personas, principalmente en el
Incendio que había sufrido, pero también sus paredes fueron testigos de suicidios y
Muertes extrañas, y entre la gente que allí trabajaba se contaban historias de 
Fantasmas, de objetos que se movían o fugases apariciones.

Al estar solo, la acústica del lugar le parecía aterradora, cualquier ruido por mínimo
Que fuera era amplificado, y algunas veces le pareció que el eco se distorsionaba, y
Mezcladas con el sonido se oían voces. 
Mientras barría el escenario escuchó una risa alocada y estridente, que como un viento
Arremolinado recorrió los palcos levantando papeles a su paso. La endemoniada
Risotada recorría el lugar reverberando en las paredes, todo el teatro parecía temblar.
La carcajada abrió una puerta y se perdió por un pasillo, llevando consigo un montón
De papeles y envolturas de caramelos que volaban en círculos.

Cuando Hugo salió a la calle la carcajada aún resonaba dentro del edificio.
Hugo se lamentó por tener que renunciar a aquel trabajo. Unos días después
Estaba empleado en otro lugar, un viejo hospital de aspecto lúgubre.






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